
El Lic. Gustavo Huici Director Ejecutivo de Surfrider Argentina y el arq. Guillermo de Diego miembro de la Comisión Directiva Nacional de Surfrider Argentina, junto al Dr. Ignacio Isla, concurrieron el pasado 23 y 24 de octubre al Taller: “Cambio Climático, Costas y Eventos Extremos”, desarrollado en la Secretaría de Ambiente y Desarrollo Sustentable de la Nación, en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires. Por la Universidad de Mar del Plata estuvo el ing. Máximo Menna y por la Universidad FASTA la Profesora Codagnone. También estuvieron presentes el lic. Fabian Gonzalez Coordinador de Foro ProCostas del cual Surfrider Argentina forma parte y especialistas en medio ambiente de distintas localidades balnearias como la Dra. Mónica Molina representando a la Municipalidad de Necochea.
Las jornadas se desarrollaron en un agradable marco donde los Científicos y especialistas se explayaron en sólidas y consistentes exposiciones:
-Eventos Climáticos Extremos. Inés Camillioni. CIMA.
-Cambio Climático, Costas y Eventos Extremos. Situación en Argentina. Adaptación al -Cambio Climático en Costas. Programa de Trabajo. Dirección de Cambio Climático. Dr. Nazareno Castillo.
-Programa Nacional de Prevención y Reducción de Riesgo de Desastres y Desarrollo Territorial. Ministerio de Planificación Federal. Jorge Fernández Bussy.
-Cambio Climático y Zonas Costeras. Dr. Jorge Codignotto. IPCC.
Con este último, el Lic. Huici, el Arq. de Diego y el Dr. Isla mantuvieron charlas en el ámbito del taller durante el desarrollo de las jornadas. El Dr. Codignotto demostró, sin que haga falta, un amplio y preciso conocimiento experto de los procesos erosivos que afectan nuestra región (ver artículo Diario La Nación mas abajo).
En su exposición a los presentes, concluyó explicando que los efectos del cambio climático sobre las costas marítimas de la Provincia de Buenos Aires no serán de significación y aplicando criterios prospectivos, se estima que la principal causa de la aceleración de los procesos naturales de erosión seguirán siendo las acciones antrópicas. Resaltó si el aumento de la frecuencia e intensidad de las lluvias como una amenaza del cambio climático a la calidad del agua en las localidades balnearias y el efecto de las Sudestadas que afectan la costa bonaerense y del Rio de la Plata.
Por su parte, el Director del Centro de Geología de Costas de Mar de Plata, Federico Isla, precisó que la actual degradación del planeta y la subida del nivel del mar por el calentamiento global “obliga ya a ciertas ciudades a planificar una reocupación del terreno”. Según Federico Isla, “el cuidado de las playas debe extenderse todo el año, hay que recapacitar sobre el crecimiento de las villas balnearias y poner normas regulatorias, considerar áreas de reserva, para así minimizar el impacto sobre las playas”.
Surfrider Argentina presentó la moción sobre considerar a las olas como un recurso escaso y por ende valioso que debería ser preservado. Se pronunció sobre la importancia de ser contempladas en la necesaria Ley de Costas. También sobre la firme oposición a estructuras duras que alteran la deriva natural de la arena y provocan cambios en la calidad del agua, haciendo peligrar la salud humana.
Artículo para Diario La Nación
Cecilia Draghi
Para LA NACION
18/11/08
Ya no es la gota que horada la piedra, sino un mar que devora roca, playa y todo lo que encuentra a su paso. Es que los últimos registros muestran un incremento de la erosión costera en la Argentina.
¿Algunos ejemplos? El sector bonaerense de Punta Piedras, a orillas del Río de la Plata, retrocedió unos 0,2 metros por año entre 1969 y 1990, y este valor se triplicó entre 1990 y 2002 hasta alcanzar los 0,7 metros por año aproximadamente.
Otro tanto ocurrió en las cercanías de Comodoro Rivadavia, en Chubut. Allí el desgaste fue de unos 0,2 metros por año entre 1927 y 1980, mientras que entre 1980 y el presente llega a 0,6 metros por año.
“Diversos indicadores ponen en evidencia que el fenómeno erosivo está en aumento y que éste se hizo especialmente notable entre las décadas del 80 y el 90″, asegura el geólogo Jorge Codignotto, de la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales de la Universidad de Buenos Aires, tras estudiar la situación desde el delta del Paraná hasta Tierra del Fuego.
Zonas bonaerenses como Punta Rasa, que desde 1892 hasta 1980 habían crecido 250 metros, pasaron a perder terreno a un promedio de 0,8 metros por año, según datos del investigador principal del Conicet.
La lista de variaciones es extensa, pero los motivos similares. “El calentamiento global aumenta el nivel del mar por derretimiento de los hielos polares y dilatación del agua. Además genera un efecto dominó porque los ciclones se desplazan hacia el Sur y se incrementa la frecuencia de tormentas intensas en áreas costeras, lo que agrava la erosión. Por otra parte, en el sector de playas bonaerenses el mal manejo por urbanización empeora la situación”, precisa el especialista, que integró el Panel Intergubernamental de Cambio Climático (IPCC)patrocinado por las Naciones Unidas, que mereció el Premio Nobel de la Paz 2007, y la Organización Meteorológica Mundial.
Cualquier turista de Villa Gesell u otro balneario atlántico habrá observado tras una tormenta la canaleta que se forma en la playa.
“Al haber construido las calles perpendiculares al mar, cuando llueve el agua va como una tromba hacia la costa y forma un canaletón que lleva de 7 a 9 toneladas de arena al mar, donde la corriente de la deriva la acarrea como una cinta transportadora. Esta situación se debe multiplicar por cada una de las calles”, indica el investigador del Laboratorio de Geomorfología, Dinámica Costera y Ambiental de la Ciudad Universitaria.
Este panorama empeoró por la destrucción de los médanos para facilitar el acceso a las playas o por razones comerciales. “La duna naturalmente filtra el agua de lluvia que limpió todas las zonas urbanas e impide que vaya a parar al mar sin tratamiento previo”, agrega.
En algunos sitios hace décadas tomaron medidas para evitar esta situación. “En Ostende -ejemplifica- se diseñaron las veredas muy anchas y verdes, y cada tanto muestran una depresión para acumular el agua de lluvia, que se infiltra en la tierra y de ese modo vuelve a formar el ciclo.”
Otro agravante son las construcciones indebidas en la playa. “La costa es una zona móvil. Cuando hay erosión, se lleva parte de la arena de debajo del médano y en la época de acumulación la repone. Pero cuando se hacen casas, las paredes generan más erosión, y luego el mar lo que se lleva es la vivienda”, explica Codignotto.
Cada uno quita su grano de arena y sólo se toma conciencia cuando los balnearios pierden su máximo atractivo turístico: las playas. “En Villa Gesell en treinta años han destruido la costa. Ahora pusieron un sistema antidunas, que si bien es mejor que lo que venían haciendo, resulta un paliativo, no es la solución”, indica.
Este es uno de los tantos casos que se encuentran en la zona. “Desde Punta Rasa hasta Mar del Plata, parte de la erosión se encuentra fundamentalmente potenciada por el incorrecto manejo territorial costero”, subraya, sin pasar por alto el decreto 3202 del año 2006 que, a su criterio, puso algún límite a la ocupación costera bonaerense. “Es el primer estado argentino que legisla en este aspecto, pero el cuidado de la costa debería hacerse de modo integrado entre todas las provincias y municipios, porque la naturaleza no responde a límites políticos. Si se levanta un espigón en Mar del Plata, impide que llegue arena a Villa Gesell, es un fenómeno en cadena”, advierte.
La costa es un escenario movedizo, de transición entre agua y tierra. “La ocupación costera no debe hacerse como si fuera un lugar cualquiera, porque no lo es: cambia rápidamente y no en siglos, como equivocadamente se cree, sino en décadas. El delta del Paraná avanza a razón de 70 metros por año, la isla Martín García duplica su superficie cada 32 años y la zona bonaerense de Punta Indio retrocedió 70 metros en los últimos 70 años”, subraya.
El científico sugiere hacer un estudio del terreno antes de realizar proyectos urbanísticos para no tener que lamentar consecuencias funestas en el futuro. “El día de mañana se inundan ciertas áreas y dirán «qué fatalidad», cuando lo que no hubo fue planificación. Es un dislate que una persona medianamente informada sepa si hay agua en Marte y no conozca dónde está parado”, concluye.
La autora integra el Centro de Divulgación Científica de la Facultad de Ciencias Exactas de la UBA
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